viernes, 27 de agosto de 2010

Runaway from the pain


El tiempo pasa velozmente mientras la niña de ojos claros pasea por la alameda. Se deja vencer, una vez más, por lo que le rodea. Como si nada importara. ¿Y si en realidad fuera así? Le cuesta encontrar a alguien que se ponga en su piel, que se introduzca en su linda cabecita y viaje dentro de ella. Nada ni nadie haría eso por ella, o al menos eso piensa.
Está haciendo mucho frío, pero a Michelle no le importa que se le congelen los huesos. Casi lo prefiere a seguir pensando en el futuro que le depara en esa cárcel. Puede ser que nada haya cambiado para ella, que esta odisea se haga eterna y no haya salida. Pero también puede que no esté madurando y se quede estancada en sus pensamientos alegóricos. No hay un camino fijo hacia la felicidad, somos nosotros quienes la construimos con pequeños detalles. Así mismo, sonrió al ver que un niño pequeño recorrió la acera deshaciéndose del agarre de su madre solo por darle la mano a ella.


Mañana será otro día.

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